miércoles, 11 de diciembre de 2013

AVANCES DEL CAPITALISMO

                                         AVANCES DEL CAPITALISMO

El capitalismo es un orden social y económico que deriva del usufructo de la propiedad privada sobre el capital como herramienta de producción, que se encuentra mayormente constituido por relaciones empresariales vinculadas a las actividades de inversión y obtención de beneficios, así como de relaciones laborales tanto autónomas como asalariadas subordinadas a fines mercantiles.1
En el capitalismo, los individuos, y/o empresas usualmente representadas por los mismos, llevan a cabo la producción de bienes y servicios en forma privada e independiente, dependiendo así de un mercado de consumo para la obtención de recursos.2 El intercambio de los mismos se realiza libremente a través del comercio, y por tanto la división del trabajo se desarrolla en forma mercantil y los agentes económicos dependen de la búsqueda de beneficio.3 La distribución se organiza, y las unidades de producción se fusionan o separan, de acuerdo a una evaluación constante de la eficiencia mediante un sistema de precios para los bienes y servicios.4 A su vez, los precios se forman mayoritariamente en un mercado libre que depende de la interacción entre una oferta y una demanda dadas por las elecciones de productores y consumidores,5 y estos a su vez son necesarios para la coordinación ex-post de una economía basada en el intercambio de mercancías.6
El origen etimológico de la palabra capitalismo proviene de la idea de capital y su uso para la propiedad privada de los medios de producción,7 8 sin embargo, se relaciona mayormente al capitalismo como concepto con el intercambio dentro de una economía de mercado que es su condición necesaria,9 10 y a la propiedad privada absoluta o burguesa11 que es su corolario previo.12 13
Se denomina sociedad capitalista a toda aquella sociedad política y jurídica originada basada en una organización racional del trabajo, el dinero y la utilidad de los recursos de producción, caracteres propios de aquel sistema económico.14 En el orden capitalista, la sociedad está formada por clases socieconómicas en vez de estamentos como son propios del feudalismo y otros órdenes pre-modernos.15 Se distingue de éste y otras formas sociales por la posibilidad de movilidad social de los individuos, por una estratificación social de tipo económica,16 y por una distribución de la renta que depende casi enteramente de la funcionalidad de las diferentes posiciones sociales adquiridas en la estructura de producción.17
El nombre de sociedad capitalista se adopta usualmente debido al hecho de que el capital como relación de producción se convierte dentro de ésta en un elemento económicamente predominante.18 La discrepancia sobre las razones de este predominio divide a las ideologías políticas modernas: el enfoque liberal smithiano se centra en la utilidad que el capital como relación social provee para la producción en una sociedad comercial con una amplia división del trabajo, entendida como causa y consecuencia de la mejora de la oferta de consumo y los mayores ingresos por vía del salario respecto del trabajo autónomo,19 mientras que el enfoque socialista marxista considera que el capital como relación social es precedido (y luego retroalimentado) por una institucionalizada imposibilidad social de sobrevivir sin relacionarse con los propietarios de un mayor capital físico mediante el intercambio de trabajo asalariado.20
La clase social conformada por los creadores y/o propietarios que proveen de capital a la organización económica a cambio de un interés21 se la describe como "capitalista", a diferencia de las funciones empresariales cuyo éxito se traduce en forma de ganancia22 y de las gerenciales ejecutadas a cambio de un salario.23 Vulgarmente se describe desde el siglo XVIII como "burguesía" tanto a este conjunto social como al de los empleadores de trabajo de una moderna sociedad industrial, pero la burguesía se origina en las ciudades de la sociedad rural medieval y está constituida por propietarios auto-empleados cuya naturaleza da origen al capitalismo moderno.24

Características

  El capitalismo, o más concretamente los sistemas económicos capitalistas, se caracterizan por la presencia de unos ciertos elementos de tipo socioeconómico, si un número importante de ellos está ausente el sistema no puede ser considerado como propiamente capitalista. Entre los factores que acaban haciendo que un sistema sea considerado capitalista están:
En términos más descriptivos, los sistemas capitalistas son sistemas socioeconómicos donde los activos de capital están básicamente en manos privadas y son controlados por agentes o personas privadas. El trabajo es proporcionado mediante el ofrecimiento de salarios monetarios y la aceptación libre por parte de los empleados. La actividad económica frecuentemente está organizada para obtener un beneficio neto que permita a las personas propietarias que controlan los medios de producción incrementar su capital. Los bienes y servicios producidos son además distribuidos mediante mecanismos de mercado. Si bien todos los sistemas capitalistas existentes presentan un mayor o menor grado de intervención estatal y se alejan por diversas razones del modelo de mercado idealmente competitivo, razón por la cual se definen conceptos como la competitividad o el índice de libertad económica, para caracterizar hasta que punto difieren unos sistemas capitalistas de otros.25

Capital, trabajo y régimen de propiedad

En los sistemas capitalistas la titularidad de la mayor parte de medios de producción es privada, entendiéndose por esto su construcción sobre un régimen de bienes de capital industrial y de tenencia y uso de la tierra basado en la propiedad privada. Los medios de producción operan principalmente en función del beneficio y en la que los intereses directivos. Se acepta que en un sistema capitalista, la mayor parte de las decisiones de inversión de capital están determinadas por las expectativas de beneficio, por lo que la rentabilidad del capital invertido tiene un papel muy destacado en la vida económica. Junto con el capital, el trabajo se refiere al otro gran conjunto de elementos de producción (algunos autores añaden un factor tradicionalmente llamado "tierra" que en términos generales puede representar cualquier tipo de "recurso natural"). El papel decisivo del trabajo, junto el capital, hacen que uno de los aspectos importantes del capitalismo sea la competencia en el llamado mercado de trabajo asalariado.
Sobre la propiedad privada, los sistemas capitalistas tienden a que los recursos invertidos por los prestadores de capital para la producción económica, estén en manos de las empresas y personas particulares (accionistas). De esta forma a los particulares se les facilita el uso, empleo y control de los recursos que se utilizan la producción de bienes y servicios. En los sistemas capitalistas se busca que no existan demasiadas restricciones para las empresas sobre como usar mejor sus factores de producción (capital, trabajo, recursos disponibles).
Entre las características generales del capitalismo se encuentra la motivación basada en el cálculo costo-beneficio dentro de una economía de intercambio basada en el mercado, el énfasis legislativo en la protección de un tipo específico de apropiación privada (en el caso del capitalismo particularmente lockeano), o el predominio de las herramientas de producción en la determinación de las formas socioeconómicas.

Contrato libre, ganancias y movilidad social

El capitalismo se considera un sistema económico en el cual el dominio de la propiedad privada sobre los medios de producción desempeña un papel fundamental. Es importante comprender lo que se entiende por propiedad privada en el capitalismo ya que existen múltiples opiniones, a pesar de que este es uno de los principios básicos del capitalismo: otorga influencia económica a quienes detentan la propiedad de los medios de producción (o en este caso el capital), dando lugar a una relación voluntaria de funciones y de mando entre el empleador y el empleado. Esto crea a su vez una sociedad de clases móviles en relación con el éxito o fracaso económico en el mercado de consumo, lo que influye en el resto de la estructura social según la variable de capital acumulada; por tal razón en el capitalismo la pertenencia a una clase social es movible y no estática.
Las relaciones económicas de producción y el origen de la cadena de mando –incluyendo la empresaria por delegación– es establecida desde la titularidad privada y exclusiva de los propietarios de una empresa en función de la participación en su creación en tanto primeros propietarios del capital. La propiedad y el usufructo queda así en manos de quienes adquirieron o crearon el capital volviendo interés su óptima utilización, cuidado y acumulación, con independencia de que la aplicación productiva del capital se genere mediante la compra del trabajo, esto es, el sueldo, realizado por los asalariados de la empresa.
Una de las interpretaciones más difundidas señala que en el capitalismo, como sistema económico, predomina el capital - actividad empresarial, mental - sobre el trabajo - actividad corporal - como elemento de producción y creador de riqueza. El control privado de los bienes de capital sobre otros factores económicos tiene la característica de hacer posible negociar con las propiedades y sus intereses a través de rentas, inversiones, etc. Eso crea el otro distintivo del capitalismo que es el beneficio o ganancia como prioridad en la acción económica en función de la acumulación de capital que por vía de la compra del trabajo puede separarse del trabajo asalariado.

Libre mercado, empresas y competencia

El capitalismo se basa ideológicamente en una economía en la cual el mercado predomina, esto usualmente se da, aunque existen importantes excepciones además de las polémicas sobre qué debe ser denominado libre mercado o libre empresa. En éste se llevan a cabo las transacciones económicas entre personas, empresas y organizaciones que ofrecen productos y las que los demandan. El mercado, por medio de las leyes de la oferta y la demanda, regula los precios según los cuales se intercambian las mercancías (bienes y servicios), permite la asignación de recursos y la distribución de la riqueza entre los individuos.
La libertad de empresa propone que todas las empresas sean libres de conseguir recursos económicos y transformarlos en una nueva mercancía o servicio que será ofrecido en el mercado que éstas dispongan. A su vez, son libres de escoger el negocio que deseen desarrollar y el momento para entrar o salir de éste. La libertad de elección se aplica a las empresas, los trabajadores y los consumidores, pues la empresa puede manejar sus recursos como crea conveniente, los trabajadores pueden realizar un trabajo cualquiera que esté dentro de sus capacidades y los consumidores son libres de escoger lo que desean consumir, buscando que el producto escogido cumpla con sus necesidades y se encuentre dentro de los límites de su ingreso. Esto en un contexto teórico capitalista es denominado cálculo económico.
Competencia se refiere a la existencia de un gran número de empresas o personas que ofrecen y venden un producto (oferentes) en un mercado determinado. En dicho mercado también existe un gran número de personas o empresas (demandantes), las cuales, según sus preferencias y necesidades, compran o demandan esos productos o mercancías. A través de la competencia se establece una «rivalidad» o antagonismo entre productores. Los productores buscan acaparar la mayor cantidad de consumidores/compradores para sí. Para conseguir esto, utilizan estrategias de reducción de precios, mejoramiento de la calidad, etc.

La empresa por sociedad de capitales

El tipo de empresa actual suele resultar de una asociación. A principios del siglo XIX, las empresas eran generalmente de un individuo que invertía en ellas capitales, fueran éstos propios o procedentes de préstamos, y los ponía al servicio de una capacidad técnica, que generalmente él mismo tenía. Sin embargo, el posterior desarrollo o auge del capitalismo demostraron claramente la superioridad de la empresa, que supera los límites de la personalidad individual o de la continuidad familiar. Este sistema permite al mismo tiempo agrupar capacidades que se completan y disociar las aportaciones de capital de las aptitudes puramente técnicas, antes confundidas. Hay que distinguir dos grandes categorías de sociedades: 1. las de personas, constituidas por un pequeño número de individuos que aportan al fondo social capitales, llamados (partes) o capacidades técnicas (caso del socio industrial opuesto al capitalista), que, como son en realidad fracciones casi materiales de la empresa no pueden ser cedidas sin el acuerdo de los copartícipes; 2. las de capitales, en las que las partes llamadas (acciones),se consideran como simples pruebas materiales de la aportación de cierto capital por los asociados, en general numerosos y tienen por tanto la posibilidad de transmitirse o negociarse libremente en la bolsa de valores.

Crecimiento económico

Teóricos y políticos han enfatizado la habilidad del capitalismo para promover el crecimiento económico buscando aumentar los beneficios, tal como se mide por el Producto Interno Bruto (PIB), utilización de la capacidad instalada o calidad de vida. Este argumento fue central, por ejemplo, en la propuesta de Adam Smith de dejar que el libre mercado controle los niveles de producción y de precio, y distribuya los recursos.
Sostienen que el rápido y consistente crecimiento de los indicadores económicos mundiales desde la revolución industrial se debe al surgimiento del capitalismo moderno.26 27 Mientras que las mediciones no son idénticas, aquellos que están a favor argumentan que incrementar el PIB (per capita) ha demostrado empíricamente una mejora en la calidad de vida de las personas, tal como mejor disponibilidad de alimentos, vivienda, vestimenta, atención médica, reducción de horas de trabajo, y libertad de trabajo para niños y ancianos.28
Gracias a la especialización de la agricultura, se produce un aumento de la producción existente, y la actividad comercial de materias primas aumenta. La consecuencia de este hecho, es el incremento de la circulación de capital, que fue un estímulo a la banca, y por tanto de la riqueza de la sociedad, aumentando el ahorro y con ello la inversión. Este fue el origen de la banca actual, la cual tenía dos funciones: prestar el dinero que custodiaban a cambio de un interés y la emisión de "promesas de pago al contado al portador" que circulaban como dinero.
Argumentos favorables al capitalismo también afirman que una economía capitalista brinda más oportunidades a los individuos de incrementar sus ingresos a través de nuevas profesiones o negocios que otras formas de economía. Según esta manera de pensar, este potencial es mucho mayor que en las sociedades feudales o tribales o en las sociedades socialistas.[cita requerida]

Organizaciones por interés individual

Cada uno de los actores del mercado actúa según su propio interés; por ejemplo, el empleador, quien posee los recursos y el capital, busca la maximización del beneficio propio por medio de la acumulación y producción de los recursos; los empleados, quienes venden su trabajo (el salario) a su empleador; y, por último, los consumidores, quienes buscan obtener la mayor satisfacción o utilidad adquiriendo lo que quieren y necesitan en función a la calidad del producto o la cantidad de su precio.
El capitalismo puede organizarse a sí mismo como un sistema complejo sin necesidad de un mecanismo de planeamiento o guía externa.29 A este fenómeno se lo llama laissez faire.30 En un proceso de este tipo la búsqueda de beneficios tiene un rol importante. A partir de las transacciones entre compradores y vendedores emerge un sistema de precios, y los precios surgen como una señal de cuáles son las urgencias y necesidades insatisfechas de las personas. La promesa de beneficios les da a los emprendedores el incentivo para usar su conocimiento y recursos para satisfacer esas necesidades. De tal manera, las actividades de millones de personas, cada una buscando su propio interés, se coordinan y complementan entre sí.31

Liberalismo y rol del Estado

La doctrina política que históricamente ha encabezado la defensa e implantación de este sistema económico y político ha sido el liberalismo económico y clásico del cual se considera sus padres fundadores a John Locke, Juan de Mariana y Adam Smith. El pensamiento liberal clásico sostiene en economía que la intervención del gobierno debe reducirse a su mínima expresión. Sólo debe encargarse del ordenamiento jurídico que garantice el respeto de la propiedad privada, la defensa de las llamadas libertades negativas: los derechos civiles y políticos, el control de la seguridad interna y externa (justicia y protección), y eventualmente la implantación de políticas para garantizar el libre funcionamiento de los mercados, ya que la presencia del Estado en la economía perturbaría su funcionamiento. Sus representantes contemporáneos más prominentes son Ludwig von Mises y Friedrich Hayek por parte de la llamada Escuela austríaca de economía; George Stigler y Milton Friedman por parte de la llamada Escuela de Chicago, existiendo profundas diferencias entre ambas.
Existen otras tendencias dentro del pensamiento económico que asignan al Estado funciones diferentes. Por ejemplo los que adscriben a lo sostenido por John Maynard Keynes, según el cual el Estado puede intervenir para incrementar la demanda efectiva en época de crisis. También se puede mencionar a los politólogos que dan al Estado y a otras instituciones un rol importante en controlar las deficiencias del mercado (una línea de pensamiento en este sentido es el neoinstitucionalismo).

Origen

ial esta ciudad desarrolló tal cantidad de industria textil que fue llamada Cottonopolis, y se convirtió en modelo de la prosperidad provocada por el Skyline de la ciudad inglesa de Mánchester en 1857. Durante el siglo XIX en medio de la Revolución industrcapitalismo de libre empresa para el movimiento social y político denominado Escuela de Mánchester.
Tanto los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilización, pero el capitalismo como sistema económico, en teoría, no apareció hasta el siglo XVII en Inglaterra sustituyendo al feudalismo. Según Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a «realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras». De esta forma al capitalismo, al igual que al dinero y la economía de mercado, se le atribuye un origen espontáneo o natural dentro de la edad moderna.32
Este impulso hacia el comercio y el intercambio fue acentuado y fomentado por las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las grandes travesías y expediciones de los siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio, sobre todo tras el descubrimiento del Nuevo Mundo y la entrada en Europa de ingentes cantidades de metales preciosos provenientes de aquellas tierras. El orden económico resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo objetivo principal consistía en intercambiar bienes y no en producirlos. La importancia de la producción no se hizo patente hasta la Revolución industrial que tuvo lugar en el siglo XIX.
Sin embargo, ya antes del inicio de la industrialización había aparecido una de las figuras más características del capitalismo, el empresario, que es, según Schumpeter, el individuo que asume riesgos económicos no personales. Un elemento clave del capitalismo es la iniciación de una actividad con el fin de obtener beneficios en el futuro; puesto que éste es desconocido, tanto la posibilidad de obtener ganancias como el riesgo de incurrir en pérdidas son dos resultados posibles, por lo que el papel del empresario consiste en asumir el riesgo de tener pérdidas o ganancias.
El camino hacia el capitalismo a partir del siglo XIII fue allanado gracias a la filosofía del Renacimiento y de la Reforma. Estos movimientos cambiaron de forma drástica la sociedad, facilitando la aparición de los modernos Estados nacionales que proporcionaron las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo del capitalismo en las naciones europeas. Este crecimiento fue posible gracias a la acumulación del excedente económico que generaba el empresario privado y a la reinversión de este excedente para generar mayor crecimiento, lo cual generó industrialización en las regiones del norte.

Tipos de sistemas capitalistas

Como se ha indicado anteriormente, existen distintas variantes del capitalismo que se diferencian de acuerdo a la relación entre el mercado, el Estado y la sociedad. Por supuesto, todas comparten características como la producción de bienes y servicios por beneficio, asignación de recursos basada principalmente en el mercado, y estructuración en torno a la acumulación de capital. Es importante destacar que entre los círculos ligados a la Escuela Austríaca de Economía y al Objetivismo se conoce como "capitalismo" a su variante más pura, el laissez faire.
Los principales tipos de capitalismo son:

Mercantilismo

Esta es una forma nacionalista del capitalismo temprano que nació aproximadamente en el siglo XVI. Se caracteriza por el entrelazamiento de intereses comerciales de interés para el Estado y el imperialismo y, consecuentemente, por el uso del aparato estatal para promover las empresas nacionales en el extranjero. Un buen ejemplo lo entrega el caso del monopolio comercial impuesto por España a sus colonias en 1504 prohibiéndoles comerciar con otras naciones.
El mercantilismo sostiene que la riqueza de las naciones se incrementa a través de una balanza comercial positiva (en que las exportaciones superan a las importaciones). Corresponde a la fase de desarrollo capitalismo llamada Acumulación originaria de capital.

Capitalismo de Libre Mercado

El capitalismo laissez-faire se caracteriza por contratos voluntarios en ausencia de intervención de terceros (como pudiere ser el Estado). Los precios de los bienes y servicios son establecidos por la oferta y la demanda, llegando naturalmente a un punto de equilibrio. Implica la existencia de mercados altamente competitivos y la propiedad privada de los medios de producción. El rol del Estado se limita a la producción de seguridad y al resguardo de los derechos de propiedad.

Economía Social de Mercado

En este sistema la intervención del Estado en la economía es mínima, pero entrega servicios importantes en cuanto a la seguridad social, prestaciones de desempleo y reconocimiento de derechos laborales a través de acuerdos nacionales de negociación colectiva. Este modelo es prominente en los países de Europa occidental y del norte, aunque variando sus configuraciones. La gran mayoría de las empresas son de propiedad privada.

Capitalismo corporativo

Caracterizado por la dominación de corporaciones jerárquicas y burocráticas. El término "capitalismo monopolista de Estado" fue originalmente un concepto Marxista para referirse a una forma de capitalismo en que la política de estado es utilizada para beneficiar y promover los intereses de corporaciones dominantes mediante la imposición de barreras competitivas y la entrega de subsidios.

Economía mixta

Una economía mixta está basada en gran medida basada en el mercado, y consiste en la convivencia de la propiedad privada y la propiedad pública de los medios de producción, y en el intervencionismo a través de políticas macroeconómicas destinadas a corregir los posibles fallos de mercado, reducir el desempleo y mantener bajos los niveles de inflación. Los niveles de intervención varían entre los diferentes países, y la mayoría de las economías capitalistas son mixtas hasta cierto punto.
En términos políticos informales se considera que los sistemas capitalistas son opuestos a los sistemas de inspiración socialista. Presuntamente los sistemas socialistas difieren de los sistemas capitalistas en varias maneras: propiedad pública de los medios de producción, los recursos monetarios obtenidos mediante la producción pueden ser utilizados con fines sociales no relacionados con la inversión o la obtención de beneficios. En muchos sistemas históricos de inspiración socialista muchas decisiones importantes de producción fueron directamente planificadas por el estado lo cual dio lugar a sistemas de economía planificada.
Tampoco pueden considerarse sistemas capitalistas muchos sistemas socioeconómicos de la antigüedad y la edad media, ya que en ellos tenía un papel destacado la mano de obra forzada (como en el feudalismo) o directamente la mano de obra esclava (presente en la antigüedad, la edad moderno e incluso perduró inicialmente en las sociedades capitalistas). Tampoco existía en muchos de esos sistemas movilidad social, al tratarse de sociedades estamentarias; ni la producción estaba orientada o racionalizada a la obtención de beneficio económico o a crear sistemas de acumulación capitalista, sino que otros objetivos socialmente deseables para una parte de la sociedad podían tener mayor peso en las decisiones de producción y la actividad económica.

Críticas al capitalismo

Parte de la crítica al capitalismo es la opinión de que es un sistema caracterizado por la explotación intraeconómica (a diferencia del esclavismo y el feudalismo) de la fuerza de trabajo del hombre al constituir el trabajo como una mercancía más. Esta condición sería su principal contradicción: Medios de producción privados con fuerza de trabajo colectiva, de este modo, mientras en el capitalismo se produce de forma colectiva, el disfrute de las riquezas generadas es privado, ya que el sector privado "compra" el trabajo de los obreros con el salario. La alternativa histórica al capitalismo con mayor acogida ha estado representada por el comunismo y el estatismo.[cita requerida]

Marxismo

Para el materialismo histórico (el marco teórico del marxismo), el capitalismo es un modo de producción.
Esta construcción intelectual es originaria del pensamiento de Karl Marx (Manifiesto Comunista, 1848, El Capital, 1867) y deriva de la síntesis y crítica de tres elementos: la economía clásica inglesa (Adam Smith, David Ricardo y Thomas Malthus), la filosofía idealista alemana (fundamentante la dialéctica hegeliana) y el movimiento obrero de la primera mitad del siglo XIX (representado por autores que Marx calificaba de socialistas utópicos).

Capitalismo e imperialismo

Los críticos del capitalismo lo responsabilizan de generar numerosas desigualdades económicas. Tales desigualdades eran muy acusadas durante el siglo XIX, sin embargo, a lo largo de la industrialización (principalmente en el siglo XX) se experimentaron notables mejorías materiales y humanas. Los críticos del capitalismo (John A. Hobson, Imperialism, a study, Lenin El imperialismo, fase superior del capitalismo) señalaron desde finales del siglo XIX que tales avances se obtuvieron por un lado a costa del colonialismo, que permitió el desarrollo económico de las metrópolis, y por otro lado gracias al Estado del Bienestar, que suavizó los efectos negativos del capitalismo e impulsó toda una serie de políticas cuasisocialista.
Otras críticas al capitalismo que se enlazan a décadas anteriores con el mismo matiz antiimperialista (a partir del pensamiento centro-periferia) provienen de los movimientos antiglobalización, que denuncian al modelo económico capitalista y las empresas transnacionales como el responsable de las desigualdades entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo, teniendo el tercer mundo una economía dependiente del primero.

El mercado como institución no natural

Desde una perspectiva no estrictamente marxista, Karl Polanyi (La gran transformación, 1944) insiste en que lo crucial en la transformación capitalista de economía, sociedad y naturaleza fue la conversión en mercancía de todos los factores de producción (tierra, o naturaleza y trabajo, o seres humanos) en beneficio del capital.

Capitalismo como religión

Capitalismo como religión es un escrito póstumo de 1921 del filósofo alemán Walter Benjamin que contiene una críticas profunda al capitalismo. El texto indaga en la naturaleza religiosa del capitalismo como una dogmática inhumana: la identificación del pecado y la culpa religiosa y la deuda impuesta por el capitalismo (el término alemán utilizado en el escrito Schuld significa a la vez deuda y culpa. Para Michael Löwy el escrito es una lectura anticapitalista de Max Weber.33 34

Ecologismo

La crítica ecologista argumenta que un sistema basado en el crecimiento y la acumulación constante es insostenible, y que acabaría por agotar los recursos naturales del planeta, muchos de los cuales no son renovables. Más aún si el consumo de estos recursos es desigual entre los países y en sus respectivas clases económicas. Hasta hace algunas décadas, se pensaba que los recursos naturales eran virtualmente inagotables y que la contaminación, pérdida de la biodiversidad y de paisajes eran costes asumibles del progreso.
Actualmente existen dos tendencias principales relacionadas con la crítica ecologista: aquella que defiende un desarrollo sostenible de la economía (que consistiría en adaptar el actual modelo al nuevo problema medioambiental), y otra que defiende un decrecimiento de la economía (que apunta directamente a nuevos sistemas de organización económica35 ).
Como contraparte al ecologismo colectivista, surge el ecologismo de mercado con base en la libertad individual. Este ecologismo plantea la protección de los ecosistemas desde el punto de vista del capitalismo libertario, los libertarios dicen que una definición de la propiedad privada en todos los recursos escasos, cada recurso escaso es usado más eficientemente y por lo tanto es regulado por el mercado, de igual manera el propietario siempre está interesando de que su tierra y animales estén sanos, usan el ejemplo de la privatización de los elefantes en Kenia y la recuperación de la población de estos para demostrar que una economía de mercado con propiedad privada, siempre tiene interés en un ecosistema sano, desde el punto de vista de los libertarios, cuando no hay derechos de propiedad definidos ocurre la denominada tragedia de los comunes, donde el recurso es usado por todos de manera irresponsable y este se agota.

Véase también

LA EPOCA DE CAMBIOS

                                                LA EPOCADE CAMBIOS

Uno de los temas y debates más interesantes producidos en el mundo académico actual es sobre el nuevo tipo de sociedad. No sólo los números sino también otros datos ligados básicamente a las nuevas relaciones socio-políticas, nos van confirmando que vivimos un cambio de época que está viendo nacer una nueva sociedad.
Científicos sociales y filósofos la denominan de diferentes maneras; por ejemplo, Sociedad post-industrial, término nacido en los fueros de la literatura a cargo del escritor inglés Arthur Penty, y luego trasladado al campo de las ciencias sociales, primero por el famoso sociólogo norteamericano Daniel Bell en su libro "El advenimiento de la sociedad postindustrial" y luego, por el no menos famoso Alain Touraine en su obra "La sociedad postindustrial". En ambos trabajos, este nuevo tipo de sociedad da cuenta de la aparición y crecimiento acelerado de una nueva economía y de nuevas relaciones basadas en los servicios ligados a la información y el conocimiento.
Justamente por esta última característica (es decir, la información y el conocimiento), hay quienes desde hace dos décadas prefieren llamar a la actual la Sociedad de la Información o Sociedad del Conocimiento. Con esta denominación no sólo se quiere profundizar en el hecho que actualmente el nuevo símbolo de riqueza de las sociedades la constituye la producción, intercambio o apropiación de información, como muy bien lo describe Jean Francois Lyotard en su obra "La condición post-moderna", sino que también lo que se quiere es señalar una de las grandes transformaciones actuales: del mundo basado en los átomos, al otro construido sobre bits y bytes, como bien lo ha demostrado Nicholas Negroponte en su trabajo "Ser digital".
Precisamente ligado a los términos de bits y bytes, que alude y nos traslada inmediatamente a la imagen de las computadoras, es que otros prefieren llamar a la actual la Sociedad de la Tercera Revolución Cultural, denominación sustentada en el crecimiento exponencial que viene teniendo el uso de la computadora como nueva herramienta comunicacional y productora de información. Este hecho, fortalece la posición de concebir la historia de la humanidad en relación con los cambios en las tecnologías de comunicación: quinientos milenios de oralidad (que nace con el hombre mismo), cinco milenios de escritura, cinco siglos de imprenta y diecisiete años de comunicación electrónica basada en las computadoras personales.
Pero alejándonos de esa particular visión histórica que suele transformarse en un pobre "comunicacionismo" como lo advierte Martín Barbero, lo real es que hay datos contundentes que permiten hablar de una revolución cultural basada en las tecnologías comunicacionales; por ejemplo, nadie ignora que los Estados Unidos es uno de los países más telefonizados del mundo; es decir, para una población de 264 millones, hay 126 millones de teléfonos, y 400 millones de computadoras; es decir, más de tres computadoras por cada teléfono y casi dos por cada habitante. De esos 400 millones, el 10%, o sea, 40 millones están conectados a Internet y en el mundo, como lo señala Nelson Manrique, ya existirían 250 millones de nodos conectados con un promedio de 4 usuarios por nodo, lo cual supone mil millones de personas conectadas a Internet, nada menos que la sexta parte de la población total del mundo. Es decir, ya hay más flujos internacionales de telecomunicaciones entre computadoras que entre teléfonos, tal como lo ha corroborado el Director General de la Unesco para las Comunicaciones, la Información y la Informática, Henrikas Yuskavitsus. Sus implicancias tanto en la educación como en la vida diaria ya están siendo analizadas, como lo ha hecho Sherry Turkley al estudiar la relación temprana entre los niños y las computadoras en su obra "The second self, computer and the human spirit". Turkley ha demostrado el cambio que se opera en el ámbito de concepciones culturales acerca de conceptos básicos como vida, verdad y bondad. Este estudio se inscribe en la temática que nació hace cuarenta años y que continúa cada vez más con mayor vigencia: los efectos de los medios en la población. Al respecto, es importante resaltar un reciente informe sobre los medios de comunicación realizado por la Unesco titulado "Cuidado, los niños están viendo" en donde se señala que "...Los medios influyen fuertemente en el desarrollo de las orientaciones culturales, de las visiones del mundo y de las creencias. Existe una relación interactiva entre la violencia de los medios de comunicación y la violencia real, aquéllos pueden contribuir al desarrollo de una cultura agresiva; los individuos ya agresivos se sirven de los medios de comunicación para confirmar actitudes, que a su vez se ven reforzadas por el contenido de los medios de comunicación..." A similares conclusiones han llegado las investigaciones de Armant y Michele Matterlart en su trabajo "¿La cultura contra la democracia? Lo audiovisual en la época transnacional", y de Ignacio Ramonet en su obra "La golosina visual", por mencionar alguno de los estudios más importantes en esa temática.
Tomando como unidades de análisis a los medios y de manera particular las computadoras y redes informáticas hay otros que prefieren denominar a la actual como Sociedad virtual. Tal es el caso de nuestro compatriota Nelson Manrique en un lindo libro que justamente lleva ese título "La sociedad virtual y otros ensayos". En ella, Nelson Manrique nos advierte que la nueva sociedad, la virtual está emergiendo al lado de la sociedad real y que se está gestando en medio de la crisis de la sociedad industrial. Lo virtual está ligado al de supercarretera de la información y se refiere a la existencia de servicios, objetos e información que existen en forma electrónica, abstracta, pero con la contundencia y el efecto de la cosa real.
Como si este abanico de denominaciones no bastaran, otro compatriota nuestro, Rafael Rocagliolo, nos recuerda en su ensayo "Los espacios culturales y su onomástica" que hay muchas más; por ejemplo, globalización, nuevas tecnologías, internacionalización, transnacionalización, tercera revolución industrial, autopistas de la información, gateismo, viedoesfera, era de la galaxia bit, etc.
Hay pues muchas maneras de denominar a esta nueva sociedad, pero a pesar de la diversidad de nombres, todas se refieren (recordando a la clásica denominación de "aldea global" de Marshall McLuhan) a un mundo interconectado por la tecnología y por la inmediatez de las comunicaciones generando no sólo nuevos espacios o industrias culturales sino también nuevos sectores de la economía.
Y ya que nos reencontramos con la economía, abordémosla para explicar una de los transformaciones más significativas del cambio de sociedad: el surgimiento y consolidación de un nuevo sector económico, el sector llamado cuaternario, aquel basado en la información y las comunicaciones. Ya a fines de 1960, Marc Porat calculó que algo más del 50% de la PEA en los Estados Unidos era absorbido por este sector. Desde esa fecha a la actualidad, nadie duda en señalar que su crecimiento son los más altos de la economía mundial, en términos de empleo, producción y productividad. Ello se debe, entre otras razones, a que cada vez, en términos relativos, los precios de los productos finales no sólo crecen menos sino que disminuyen; a que las máquinas, como me lo decía mi maestra Kim Morla, son cada vez más "amigables" es decir, ya no es imprescindible entrenamientos previos o asesorías permanentes, cumpliéndose así la profecía del gran "Flaco Tamayo" quien nos decía "…para aprender todos estos nuevos conocimientos sólo se requiere de un ojo y un dedo, nada más".
Como puede verse, las características de este nuevo sector económico la hacen imparable y ello arrastra cambios en el orden social y cultural, también de manera acelerada e imparable. Hay pues, como lo llama Erick Hobsbawn en su monumental obra sobre el siglo XX, una revolución cultural que está configurando nuevas redes, sentido y símbolos que nos van a permitir vivir en sociedad. Uno de los nuevos bienes, por ejemplo, son los llamados "Bienes simbólicos a domicilio", que están remplazando a los "Bienes simbólicos situados"; es decir, cada vez se requiere menos la asistencia a un lugar para hacer uso o beneficiarse de un servicio, ahora éstos se están desplazando a donde el usuario lo requiera, y de este sistema no escapa ni la propia universidad, al contrario, ella es una de las más interesadas a través de lo que ya se conoce como "Universidad virtual".
Estos cambios, han llegado también a la esfera política, tal como lo ha demostrado Rafael Rocagliolo al analizar la crisis de las organizaciones partidarias, pues en su estudio "Crisis de participación y sociedad televiciada" él considera que la "era de la galaxia bit" está cambiando la relación cara a cara de la política. Así, los tradicionales elementos simbólicos del quehacer político como el local partidario, la célula, la militancia e, incluso, los mítines, están desapareciendo. Es decir, estaría cambiando no sólo la base material de la sociedad, sino también la forma en que sus integrantes, es decir nosotros, nos relacionamos, consumimos y configuramos nuevas redes, sentidos y símbolos que nos permitan vivir en comunidad. Dichas características, en la opinión John Keane en su obra "Structural transformations of the public sphere", también estarían creando un mundo basado en la red informática, cuyos integrantes actúen sin privilegios o prejuicios raciales, económicos, militares o nacionalistas. En palabras del investigador inglés, se trata de: "Un nuevo espacio global sin soberanía, en donde cualquiera, en cualquier lugar del mundo, se puede expresar sin temor. Se está gestando un inédito medio de comunicación libre, donde no habrá cabida para los autoritarismos". Prácticamente, Keane reafirma lo que John Perry Barlow ya anunciara en su famosa "Declaración de Independencia del Ciberespacio"; es más, Perry Barlow asegura que a este nuevo espacio, todos los seres humanos ingresarán sin dificultad.
Estamos hablando pues de una nueva realidad, de una nueva sociedad en la que también se inscribe mi país, el Perú. Es decir, todo lo que hemos señalado no es cuestión o privilegio de los países ricos, pues aunque para algunos les parezca increíble, el Perú es uno de los países que con más entusiasmo se ha inscrito en esta nueva ola, parafraseando a Alvin Toffler. Incluso, el Perú, va más acelerado que otros países de Europa, y para sustentar esto, aquí van algunos datos: la expansión mundial de Internet es del 20% mensual, la del Perú 40%. Ello permite señalar que en muy pocos años, ningún estudiante universitario de Lima, la capital peruana, dejará de tener su correo electrónico y libre acceso a Internet. Esto es posible porque, de acuerdo a algunos datos oficiales, está en su fase terminal el proyecto que conecta a toda la capital por sistemas de redes de televisión por cable, como ya están conectados por una troncal de fibra óptica los 3000 kilómetros de la costa peruana desde la frontera con el Ecuador hasta la chilena, esto sin comentar que se anuncia el satélite de los países andinos materializando así ese viejo proyecto del sistema satelital Bolívar nacido con el Pacto Andino.
Pero aun hay más, pues la Red Científica Peruana, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, viene instalando mil estaciones comunitarias de acceso a Internet en el Perú, las que se sumarán a los cientos de cabinas públicas y comunitarias cómputo que existen y aparecen diariamente. A este proceso, Arequipa, la segunda ciudad peruana, también ha ingresado exitosamente y de manera acelerada, tal como lo demostraron los alumnos del Taller II del cuarto año de Sociología quienes en 1999 investigaron dicho fenómeno. Ellos, en ese año, contabilizaron cerca de cuarenta cabinas públicas en donde asistían un aproximado de 7000 personas diarias. Este número se triplicó cuando la Universidad Nacional de San Agustín conectó unas cuatrocientas máquinas más al sistema de redes. Sumando las cabinas que han continuado instalándose en estos dos últimos años en la ciudad, podremos fácilmente deducir que el número de gente conectada al ciberespacio sigue creciendo geométricamente.
Toda esta nueva realidad no produce conciencias felices. Al contrario, genera nuevas paradojas, contradicciones y también, como lo señala Nelson Manrique, "chicos malos del barrio"; es decir, delincuentes informáticos denominados hackers, no sólo dispuestos a infectar programas, sino también a invadir la privacidad y romper la seguridad de instituciones de todo tipo. Pero esto podría ser un juego de niños si lo comparamos con los malos usos que están empezando a tener algunos agentes que en minutos y sólo clikeando pueden lograr traslados financieros capaces de quebrar la economía de los países si así lo quisieran. Con relación a las nuevas paradojas, Keane, sostiene hay una que debería motivar las investigaciones contemporáneas; es la siguiente: "la abundancia comunicativa impide la comunicación", y entre las contradicciones saltantes se encuentra el fenómeno de la privacidad desvirtuada; es decir, pareciera que en la era de la abundancia comunicativa, ninguna intimidad estaría a buen recaudo; es más, todo parece indicar que esta nueva era ha traído consigo la consigna que mientras más privado es un asunto, es de mayor interés público, haciéndonos recordar las épocas de Luis XVI en donde ser testigo de sus despertares era un honor y un privilegio. Es más, hay quienes ven a esta nueva realidad como una nueva mascara que oculta la verdadera faz del enemigo: la de lanzar el capitalismo hacia metas no soñadas a través de una mercantilización de la sociedad en una escala jamás imaginada. Sin embargo, como lo hemos señalado anteriormente, hay otros que ven en esta nueva realidad un gran potencial democratizador como no existió antes en la historia, cambiando radicalmente la noción de poder, del cual la actual crisis de la política sería apenas una atisbo.
En realidad, estas visiones pesimistas y optimistas no debería extrañarnos, pues eso es normal en todo proceso de cambio. Los apocalípticos e integradores, como lo diría Umberto Eco, se presentan siempre, pues la historia del progreso es, a la vez, historia de la dominación e historia de la liberación, de la domesticación y de la subversión. Por ello, no es raro que en el caso peruano también se presente y debata el asunto, en esos términos: de bondades y maldades, primando lo último pues hay quienes no sólo ven con incredulidad todo lo manifestado sino que tildan el tema de inútil, pues señalan que hablar en el Perú de una sociedad informatizada o del conocimiento cuando hay sectores que ni siquiera tienen libros para aprender a leer, es irónico; incluso que es incorrecto manejar la noción de posmodernidad cuando el país ni siquiera ha conocido la modernidad, lo cual los lleva al extremo de considerar que ni siquiera tenemos ciudadanos.
Nosotros estamos de acuerdo en que, a pesar de los datos optimistas expuestos anteriormente, esta nueva realidad no nos traslada o ubica en la situación de desarrollo, justicia e igualdad que todos aspiramos. Pues, como todos sabemos, el Perú es un país generalmente deficitario y esta nueva realidad no sólo es precaria sino que arrastra las insuficiencias del pasado. Pero ello tampoco nos ubica en esa visión apocalíptica o incrédula de la otra orilla que sumada a la enfermedad nacional de la envidia y el miedo al éxito, como bien lo describiera Mario Vargas Llosa en el mejor documento político de los últimos años como es el "El pez en el agua", liquida cualquier posibilidad no sólo de oportunidad y desarrollo, sino también de sueño e ilusión que es lo que le falta a nuestro país, y en particular a nuestra ciudad en estos momentos.
Nosotros creemos que perdemos energía y tiempo si seguimos pensando y diciendo que ante esta nueva realidad países como el Perú está atrasado o que nos falta transitar por tal o cual etapa, lo importante es reconocer que estamos dentro del proceso, y que incluso, aprovechando la inventiva e ingenio peruano, nos hemos integrado con excelentes posibilidades de desarrollo en él. Estamos pues dentro de la ola, lo cual no significa que hay que dejarlo todo a la tecnología, mucho menos pensar que el flujo de información que es lo que ésta nos proporciona se equipara a la formación de opinión y, consecuentemente fortalecimiento de identidad, conciencia ciudadana y, finalmente, consolidación de la democracia. No. Esto último requiere necesariamente de antiguas e irremplazables fórmulas que, como lo señala Pepi Patrón, haciendo meritos y recordando a su maestro Jürgen Habermas, tienen que ver con el encuentro, diálogo, disensos y consensos que nos guíen a una acción concertada. Ese es un camino inevitable que aún sigue vigente en la agenda del Perú, y, porqué no, de muchos países de la región que luchan tozudamente por su desarrollo.